domingo, 8 de diciembre de 2024

Carolina: madre, trabajadora, hermana y compañera

“Me levanto pronto, desayuno, ¿Jaren se ha despertado ya? Parece que sí, saco el pollo para que se descongele, ay madre mía, cómo está el comedor, luego tengo que poner orden y pasar el aspirador por la casa y…”, suspiro. 

Carolina no puede más. Se levanta temprano para ir a trabajar. Coge el coche. La misma caravana todas las mañanas. Llega a la oficina. Coge el papeleo nuevo y suspira. Tiene muchas cosas que hacer hoy. Mira el móvil un momento. Su hermano necesita ayuda con algo. Suspira de nuevo. Un nuevo whatsapp de Jaren, que quiere ir a un concierto, que si van juntos. ¿Va tarde al insti? No debería tener el móvil en ese momento. Le llega la notificación con las facturas de luz y gas. Carolina bloquea el móvil. Hora de ir a por otro café. 

“Necesito vacaciones. Y un spa. Y estirarme en una hamaca y que un camarero de buen ver me traiga un cóctel”. 

Pero ahora no hay vacaciones, ni spa, ni una hamaca. Hay un montón de papeleo, correos y faena por hacer. Y en casa una lavadora que hay que poner. Y un comedor que ordenar. Y un pollo que hacer a la plancha junto a unas verduras porque el fin de semana se ha pasado de la raya con la comida. 

-¡Carol! Este fin de semana ha sido mi cumpleaños. A media mañana invitaré a unos crusanes y café. ¿Te bajas con nosotros a la cafetería?- dice su compañera Diana. 

Carolina recuerda el pollo. Y las verduras. Y la lavadora. Y mira el taco de faena que tiene delante. 

-Sí, cuenta conmigo. ¡Felicidades!- Carolina abraza a su compañera. La compañera la agita ligeramente durante el abrazo haciendo un sonidito amigable. 

-Eres la mejor, Carol. Por cierto, gracias por ayudarme la semana pasada con el docu, era horroroso pelearse con el programa. Se me dan fatal los ordenadores. ¡No sé qué haría sin ti!-. 

Carolina siempre ha querido aprender a bailar y nunca ha podido. Es entonces, en ese momento, cuando ve la cantidad de cosas que tiene que hacer y además hace por otras personas, que decide que va siendo hora de probar esa actividad llamada zumba. 

“Aprenderé a bailar, porque me lo merezco”. 

domingo, 13 de octubre de 2024

Con aroma de café

 Es viernes,18h, y Denisa ha quedado con una amiga que hace demasiado que no ve en su cafetería favorita. La amiga le ha escrito que llegará tarde y que vaya pidiendo lo que ella desee para hacer tiempo. Denisa tiene claro lo que quiere: un café con leche. Una cosa sencilla pero con un peso emocional muy grande. Cuando la camarera le trae la taza, Denisa se la acerca al sentido del olfato para olerla. Ese olor es muy conocido por ella. Cierra los ojos un momento y deja que el recuerdo de su infancia la inunde. Denisa regresa a sus seis años. Es invierno y hace frío. Va de camino a casa de su abuela con las manos heladas. Lleva un gorrito de lana, una bufanda y unas botas altas de color negro. Su abrigo es gigante. Su madre la lleva de la mano dándole tirones porque llega tarde. Debe dejar la niña con la abuela y salir a todo tren de nuevo. Parece preocupada pero la pequeña no sabe por qué. Cuando llegan. Un calorcito agradable inunda a Denisa. La madre le quita los atuendos apresurada. Le da un beso en la frente y se marcha frenética. A penas ha saludado a su propia madre. La abuela suspira, mientras dice “no se ha tomado ni su taza de café”. La casa huele a café recién hecho, de ese hecho con mimo con cafetera italiana. Niña y abuela se miran. “Te haré un chocolate a ti, y luego puedes jugar con las muñecas de cuando tu madre era pequeña. ¿Qué te parece”. La niña sonríe y asiente. “Abuela, ¿puedo probar el café?”, se atreve a preguntar. “Bueno, me haré yo un café con leche y te daré a probar, pero no se lo digas a tu madre, será nuestro secreto, ¿sí?”. A la niña le encantó la idea de compartir un secreto con la anciana. Su abuela lo era todo para ella. 

Denisa abrió los ojos regresando al presente justo a tiempo para ver llegar a su amiga. La saludó con la mano, y ésta se pidió otro café, pero descafeinado.

domingo, 22 de septiembre de 2024

El peso en los hombros

Soraya se fijaba mucho en las cervicales de la gente al pasar por la calle. 

“Cuánto peso cargan esos hombros”, pensaba.

La psicóloga se estaba especializando en somatizaciones y por eso ponía el foco en lo que sus ojos eran capaces de observar y sus oídos de escuchar de los cuerpos de las personas: cojeras, uñas mordidas, sobrepeso, dolores de estómago, migrañas, espaldas curvadas… y especialmente las cervicales y esa bola de tensión que las decora. Su estadística le ofrecía que mayoritariamente eran mujeres las que mostraban cervicales especialmente cargadas, pero no tenía que ser necesariamente así. Le apenaba, eso sí, pensar en las historias de dolor, de aguante, de esas personas. Cómo su cuerpo había ido tragando el malestar emocional y acumulándolo en esa parte. El peso de las responsabilidades, de tener que cargar con una mochila pesada. 

“Existe una forma de vida más amable”, había leído ella en el blog de la terapeuta Meizoso. Y eso creía firmemente. 

“Ojalá pudiésemos vivir en un mundo más compasivo, en el cual las mochilas pudiesen empezar a desprenderse de ese peso, de esos recuerdos, responsabilidades, momentos en los que esas personas necesitaban apoyo y ser vistas y en lugar de eso recibieron reprimendas o exigencias. Ojalá poder vivir en un mundo dónde pudiéramos vernos de verdad y abrazar nuestra sensibilidad y la de los demás, donde la vulnerabilidad es la verdadera fortaleza y tender la mano a los otros el camino”. 

Soraya suspiró para sí. 

Sabía y reconocía la importancia de su trabajo en esos momentos en los que veía a alguien con las cervicales hechas una pelotita de tensión. Entonces, confirmaba que ella había elegido bien su profesión.

“Puedo aportar mi grano de arena para crear un mundo un poco más compasivo y ayudar a las personas a tener vidas más amables” 

lunes, 1 de julio de 2024

La playa

 Jaren también tocó la concha. 

Una imagen se creó enfrente de él. Estaba en la playa. Hacía una brisa suave de verano. Se respiraba paz en el aire. Estaba en un cuerpo pequeño. Era una niña, según dedujo por su biquini. Miró a su izquierda y vio una señora haciendo crucigramas en una revista. La mujer miró a la niña, lo miró a él y sonrió. Volvió a sus crucigramas. La niña estaba jugando con esa concha gigante, a rellenar un cubo que tenía delante. El mar se oía golpear con fiereza. El olor a playa, a sal, a agua le transmitía una sensación agradable. De repente la señora rompió el silencio. 

-¿Tienes hambre?- preguntó a la niña.

La niña asintió con la cabeza. La señora sonrió y de la bolsa playera que se encontraba junto a ella, sacó un bocadillo envuelto en papel de plata.

La niña lo desenvolvió ansiosa y deseosa de hincarle el diente, con los ojos abiertos y enormes como platos.

Era un bocadillo de chorizo. La niña gritó “¡Bien!” y le dio un mordisco enorme. La mujer reía viendo el comportamiento de la niña. La niña miró también a la mujer. Se sentía con el corazón bien lleno.

Y con esa sensación pacífica y serena, la imagen se fue desvaneciendo dejando regresar a Jaren a la tienda de antigüedades.

Al volver, Pandora ya no estaba. 

-¿Pandora?- la llamó él.

Nadie respondió.

-¿¡Pandora?!- insistió con más volumen. 

Pero obtuvo el mismo resultado.

Jaren suspiró.

“Menuda familia más inquietante”, pensó para sí.

sábado, 25 de mayo de 2024

La caja de Pandora

 Cuando Jaren abrió los ojos, vio a una pelirroja delante de él observándolo.

-Ay la triste historia del duque. Es melancólica, ¿no te parece?- dijo ella sin ninguna introducción previa, señalando la pluma que él sostenía en la mano.

Jaren dio un paso atrás, ya que ella estaba muy cerca.

-¿Quién eres?- respondió él.

-Soy Pandora, como la de la caja- rió ella- ¿Conoces el mito?

-Claro que sí- refunfuñó él- Es la de la caja de la que salen todos los males-. 

-Pues qué triste que la recuerdes por eso…- contestó ella- déjame que te cuente la historia al completo.

Zeus, enfadado con Prometeo, decidió vengarse del robo del fuego mediante Epimeteo, el hermano de Prometeo. A Epimeteo le cayó un regalo del cielo: una mujer llamada Pandora que había recibido la gracia de todos los dioses. Sin embargo, junto a Pandora le dieron una caja con la instrucción de que no debían abrirla bajo ningún concepto. La llave la tenía Epimeteo, pero Pandora logró hacerse con ella y satisfizo su curiosidad de abrir la caja. Al hacerlo liberó todas las desgracias del mundo; guerras, hambre, enfermedades… Pandora la cerró de golpe, y al volverla a abrir para confesar a su esposo lo sucedido, lo último que salió de esa caja que aparentemente estaba vacía, fue un insecto llamado Esperanza.” 

Y es por eso que a la caja de Pandora, también se la puede llamar la caja de la esperanza, Jaren-. 

El chico dio un respingo. Él no se había presentado. Y de hecho, ella había obviado que él había visto la historia del duque mediante la pluma. 

-¿Pero quién eres…?- alcanzó a decir con cara de profunda preocupación. 

-Soy Pandora- volvió a responder ella.

Jaren suspiró mientras pensaba “esto no va a ser fácil”.

-¿Qué haces aquí, Pandora? ¿Eres capaz de ver las historias de los objetos?-.

-Claro que puedo ver las historias. Y he venido precisamente para eso-.

-¿Y cómo sabes mi nombre?- dijo él intranquilo. La chica era un misterio que no estaba consiguiendo desentrañar. 

-Mi tío. Es el dueño de la tienda. Me dijo que los fines de semana un chico llamado Jaren era el que atendía, y puesto que eres el único chico aquí, he supuesto que debías de ser tú- respondió ella sonriendo.

Jaren iba a preguntarle si ella sabía cómo funcionaba el hecho de poder percibir las historias de los objetos pero antes de lograrlo, Pandora había cogido una concha enorme.

La pluma

 A duras penas tenía fuerzas con las que sostener la pluma con la que estaba redactando la herencia por enésima vez. Había solicitado un minuto a solas. Los consejeros le habían sugerido que fuese un escriba quien redactase por él. Pero se negaba. Él no quería que fuese otra persona la que plasmase en papel sus deseos sobre el papel. ¿Y si  escriba se equivocaba? ¿Y si plasmaba mal sus palabras? Ya se arrepentía de suficientes cosas que había hecho mal en vida como para permitir errores de ese calibre tras su partida.  

Mientras escribía, suspiraba dejando que dos gotarrones cayesen por sus mejillas en forma de lágrimas. Anhelaba volver atrás en el tiempo y hacer las cosas diferente. Deseaba poder pedir perdón a personas a las que ya nunca les podría comunicar nada. Ansiaba haber pasado más horas con lo verdaderamente importante: su familia. Sus seres queridos. Se había hecho de oro, había hecho múltiples conquistas y sus hazañas eran conocidas en varios lares, pero lo consideraba una equivocación. No era eso lo que realmente quería. Quería abrazar a sus hijas, haber estado al lado dd su difunta esposa, haber descansado disfrutando de no hacer nada bajo el sol, le hubiera gustado llevarse mejor con los plebeyos de sus tierras, saludarlos, ayudarlos…

Pero el tiempo se le agotaba. 

Cuando terminó su redacción, se echó en la cama. Lloró y lloró, y los criados que estaban allí aseguraron que con su último suspiro, se escuchó un “lo siento”. 

miércoles, 15 de mayo de 2024

Reencuentro

Para Jaren, encontrar a Denisa en el instituto le estaba resultando una odisea. No iban a la misma clase así que pensó buscarla a la hora del recreo, pero la chica parecía haberse esfumado de la faz de la tierra. Al preguntar a compañeros de su clase, todos le respondían que efectivamente había asistido al insti, pero que no sabían dónde se escondía en el descanso, que no era habitual verla en un lugar visible. 

Intentó ponerse en los zapatos de ella. Una chica solitaria, misteriosa, un tanto asocial… qué rincones podrían esconderla. Los fue recorriendo uno a uno y Denisa no aparecía. Finalmente desistió y fue con su pequeño grupo de amigos. 

Al entrar a clase, a punto de reanudar las lecciones, ella asomó la cabeza. 

-Hola Jaren, me han dicho que me buscabas-. 

El chico asintió y rebuscó entre su mochila. A ella se le salieron los ojos de las órbitas. “¡Pero qué hace el loco este enseñando a voces mi secreto!”, además estaban siendo el centro de atención porque ninguno de los dos eran personas especialmente destacadas, solían ser fieles al anonimato. 

Ella estuvo a punto de responder cuando de repente…

-¡Tachán! Te conseguí un vale de descuento para la guitarra de la tienda de segunda mano. Ahora estoy trabajando ahí. Y te devuelvo también el libro que me prestaste-. 

El cuaderno de ella, originalmente con dibujos en la portada y la contraportada, frases en latín y pegatinas, tenía ahora por título “Relatos de Edgar Allan Poe”, Denisa consideró buena la estrategia de tapar el estampado adolescente con la carátula de otro libro. Y Edgar Allan Poe hacía mucho para ella, ciertamente. 

-Gracias- atinó ella a responder.

-No hay de qué, avísame cuando vayas a ir y así te acompaño, o si vas el finde, nos vemos ahí directamente-. 

Denisa le sonrió y volvió hacia su clase. Cayó entonces que no tenía el número de él, pero por intuición, miró en la primera página de la libreta y había un post-it enganchado.


domingo, 12 de mayo de 2024

La reflexión de Jaren

 Hoy es un buen día. 

Es ese día que no pasa gran cosa pero que por un instante te sientas, desayunas tu chocolate con leche (sin lactosa) y meditas. Respiras, suspiras y piensas en ti, en tu alrededor y tus problemas. Y empiezas a mover hilos. Miras tu vida, representémosla como un tapiz que está siendo construido y ves dónde te atascaste. No entiendo demasiado sobre la producción de textiles, pero diría que cuando ocurre uno (o varios) enredo/s, has de coger una especie de peine o algo así y desenredar, lo arreglas, lo pones en orden y sigues tejiendo. Tu tapiz sigue avanzando y te sientes orgullose de haber conseguido superar ese enredo que te ha dado problemas, y, poco a poco, tejes con calma de nuevo.

La chica y el dragón

 El cuaderno de Denisa

Cuenta la leyenda que un dragón salvó la vida de una niña que sus familiares abandonaron a su suerte en los montes. El dragón, desobedeciendo a sus superiores y ancestros, llevó a la niña al plano celestial y la crió entre los enormes y nobles seres. La niña creció saltando entre dragones mientras estos volaban por el cielo. Era libre, más libre de lo que habría sido en la tierra. Pero llegaron las guerras. Los humanos querían conquistar los cielos y esclavizar a los dragones. Ella tenía muy clara su postura. La chica luchó por proteger los cielos. En uno de los combates, ella fue herida y moría. El dragón que la crió, se abrió una herida en el pecho y depositó su corazón sobre la chica. Del corazón nació un rosal que envolvió a la chica reviviéndola. Ésta renació con escamas, alas, ojos de serpiente y sed de justicia.

Cumplir con la palabra

 Jaren se sentía muy satisfecho de haberle dicho al señor de trabajar con él. Había disfrutado de varias vidas contadas por objetos. El señor le había tranquilizado diciéndole que, cuando uno conecta con las imágenes, en realidad sólo está unos segundos contemplando el objeto, así que desde fuera no era demasiado tiempo el invertido en recrearse en las historias. Sentía el corazón lleno de emoción, nostalgia y felicidad. Gozaba mucho de estos viajes a través de los recuerdos de otras personas. 

Cuando llegó a casa, saludó a su madre, le explicó que había conseguido un trabajo que le encantaba y su madre, extrañada por esa inesperada noticia, le dio apoyo en su decisión. 

Jaren entró en su habitación y abrió el cuaderno de Denisa. Se dispuso a leer otro poco, ya que en breves tendría que devolvérselo, pero no sin antes cumplir con la transacción de escribirle algo por el préstamo. 

Para su sorpresa, esta vez leyó un cuento sobre dragones, algo que para nada se esperaba. 

Le tocaba escribir y para inspirarse cerró los ojos y se dejó llevar por las sensaciones de su pecho. 

la anciana entrañable

Jaren tocó la taza (…)

La vieja señora Lina solía despertar con el canto de los pajarillos y el sonido de los coches de una Barcelona ajetreada. Con mucha calma, se incorporaba, y más despacio todavía, se levantaba en busca de encontrar algo cómodo que ponerse. Después cogía su caminador y se dirigía a la cocina. Allí se preparaba su café descafeinado y un par de tostadas con mantequilla y mermelada de fresa. Con su andador, junto al plato y taza sujetados por al asiento de éste, salía al balcón y se sentaba cada día en la misma silla de metal con un cómodo cojín, cogía los utensilios y los ponía sobre la mesa. Observaba jovial la calle. Disfrutaba viendo a los transeúntes ir y venir desde su terraza, con la rutinaria taza de café prácticamente hirviendo en la mano. Las arrugas de sus ojos y boca, dibujaban la historia de alguien que ha sido feliz. Los gorriones, los mismos animalillos que la despertaban, acompañaban las mañanas con melodías que se sumaban a la sensación de bienestar de la anciana. Ella, entretenida, imaginaba a dónde se dirigirían esos individuos a sus pies, que desde las alturas, parecían haber menguado su tamaño. ¡Qué poquito necesitaba la mujer para divertirse!

La vida de los objetos

 Llegó el martes y al salir del instituto Jaren se lanzó camino a la tienda con emoción e incertidumbre, la incertidumbre de si estaría abierto.

¡Acierto! La tienda estaba abierta. El chico entró y unas campanillas sonaron en la entrada. 

El señor salió y saludó al chico. 

-Hola señor, el otro día me pasé, pero estaba cerrado y me extrañó. ¿Cómo es que no abrió?-

-Hola chaval. Era festivo. Yo también tengo derecho al descanso, ¿no?- 

Jaren había meditado algo que no sabía si expresar en voz alta. Al final se animó:

-Señor, tengo una propuesta… ¿puedo trabajar aquí?- preguntó con un hilo de voz. 

El vendedor enmudeció un segundo pensativo.

-Vale, tú trabajarás los viernes y fines de semana, así puedo descansar yo. De momento ven esta semana cada tarde para enseñarte cómo funciona todo- 

A Jaren se le iba a salir el corazón del pecho de la euforia que sentía. 

-Ponte este delantal, vamos a recolocar algunos objetos-.

-Un par de preguntas… la primera, ¿cómo debo llamarte? Y después, ¿cómo es que vendes los objetos?- 

-Llámame “señor”, ya me está bien así. Y no entiendo tu segunda pregunta. Está es una tienda de antigüedades. Siempre que una persona recibe un objeto, detrás tiene una historia. En las tiendas de ropa, está la historia de alguien que la ha hecho, probablemente de algún país del este asiático o África. Cuando tu abuela te ofrece un libro de su infancia, tiene una historia. Que seas capaz de vivir las historias de otros, no quita que te pertenezcan. Ni tampoco que ese objeto haya terminado su propia vida. Los objetos viven experiencias en las manos de sus dueños. Yo los vendo para que alguien siga escribiendo sobre ellos, ya que merecen seguir viviendo. ¿Entiendes?- 

Jaren asintió, se puso el delantal y obedeció la instrucción de orden que le sugirió el señor. Tocó un par de libros, pero no sintió nada y sintió una pequeña decepción. Después tocó una taza, y ahí su ser empezó a volar. 


sábado, 11 de mayo de 2024

Como la canción de M-Clan

 Carolina estaba harta de que le cantasen la canción de M-Clan. “Hay que joderse, no habrá nombres en el mundo”. Sonaba en ese instante en la radio y sentía el impulso de cambiar de emisora.

-Jaren, ¿qué te queda? Que llegaremos tarde a la comida y sabes que a tu tío Jorge le desquicia esperar, y no seré yo la que aguante a mi hermano enfadado, ¿me oyes?-.

Carolina quería aparentar ser una madre guay. Se hacía la moderna descargándose las mismas redes sociales que los jóvenes usaban. Vestía reflejando mucho carácter y alguien le había dicho que parecía que se entendía bien con “los chavales”. Y la apariencia era tan certera como fingida. Bajo todas esas capas de mami al día, de mujer poderosa; se escondía una muchacha que se deshacía en inseguridades, tenía mil dudas y sufría porque no acababa de entender a su hijo, qué hacía, qué le pasaba, por qué pese a que aparentemente se llevaban bien, ella lo notaba lejísimos. 

-¡Jaren, que salgas ya del baño!- gritó. Una parte de ella reconocía estar enfrentándose a ese pequeño miedo a que su hijo estuviese recreándose con su miembro viril. Era algo evidente que con la edad que el chico tenía, la sexualidad sería un tema crucial para él. Pero se sentía perdida frente a la forma de abordar el tema.  Y suerte para ella que todavía no había aparecido el nombre de una potencial pareja en sus conversaciones. Llevaban muchos años siendo un equipo de dos, y temía qué podía pasar si alguien perturbaba su sistema. Pero estaba segura de que eso ocurriría tarde o temprano. 

-Mira mamá, ¿te gusta esta camisa nueva? Me la compré en un mercadillo de segunda mano- dijo él.

Y Carolina sintió cómo su hijo recurría a ella, se acercaba y ese equipo que formaban los dos, en ese preciso momento, funcionaba correctamente. Los fantasmas del futuro seguramente volverían en otro momento, pero ya los enfrentaría a su debida hora. 

miércoles, 8 de mayo de 2024

El niño pobre y el burgués engreído

 El niño pobre y el burgués engreído

El hombre tendió la mano al niño con unas monedas desde su postura de falsa amabilidad. Le rodeaban una marea de burgueses y aristócratas que observaban su compasión con una sonrisa hipócrita. El niño, descalzo, sucio y hambriento desafiaba al hombre con sus pupilas afiladas como navajas negándose a coger las monedas. El adulto las dejó en el suelo riendo con desdén y reanudando su camino. En ese momento el burgués no lo sabía, creía estar frente a un simple chiquillo mendigo insignificante, pero esa mirada que le había producido un ligero escalofrío, sería justo la misma que, al crecer y tras conocer a más personas también hartas de vivir en los suburbios, aprendería a pelear y siguiendo su fuego interior, le despojaría de sus riquezas liderando la revolución.

sábado, 4 de mayo de 2024

la curiosidad mató al gato… o no

Relajado y tumbado en la cama, Jaren empezó a leer el cuaderno que Denisa le había prestado. 

El cuaderno de Denisa

“La curiosidad mató al gato”. Discrepo. La curiosidad ha hecho que la sociedad avance en muchos ámbitos y aspectos, que se descubran cosas nuevas. Gracias a que muchos curiosos se dejaron llevar por su instinto, hemos obtenido logros. También a nivel personal un humanito puede conseguir muchas metas siguiendo esa curiosidad que le despierta sueños. No fue la curiosidad lo que mató al gato; fueron la falta de herramientas y estrategias para enfrentarse a su nueva situación y descubrimiento. Cuando uno mete el hocico en según qué sitios o aspectos, sabe que puede salir escaldado, por ello debe estar preparado. Sal de la zona de confort, pero cuando salgas, asegúrate que llevas contigo lo que necesitas para vivir esa aventura y sobrevivir a los peligros.

El cuaderno de Denisa

 Denisa se percató de la curiosidad del chico y le explicó.

-Es un cuaderno en el que anoto cosas. Pensamientos, mini-cuentos… lo que se me pasa por la cabeza- dijo con indiferencia.

-¿Y podría yo leerlo?- respondió Jaren de forma impulsiva. Ella quedó un momento en silencio. El chico se arrepintió al instante.

-Si te interesa, supongo que no hay problema. Te lo puedo dejar alguna vez. Sólo prométeme que no lo compartirás con nadie. Es algo privado.- Denisa sonaba convencida independientemente de lo que sintiese. Jaren pensó que era muy valiente por su parte y que él probablemente no lo hubiese hecho. Finalmente ella añadió: 

-Oye, hagamos una cosa, te lo presto estos días y me lo devuelves en el insti pero con una nueva aportación. Es decir, es una transacción, yo te lo dejo a cambio de que tú también escribas algo- propuso ella con algo de brillo en la mirada.

A Jaren le invadió el pánico. Pero dijo que sí con la cabeza y cara de horror. Denisa sonrió. 

“¿Y yo qué escribo ahora?”, reflexionó el chico. 

viernes, 3 de mayo de 2024

Lunas

 Tras la última sesión con Soraya, Jaren rebosaba seguridad. “A la mierda la normalidad” se decía sonriendo. No tenía claro si era un “fake it until you make it” o si lo sentía realmente así, pero se aferró a ese valor con todo su ser. Iba de camino a la tienda repitiéndose “quizás es un don, ¿y si es un don? ¡Menuda fantasía! Quizás soy el próximo” la decepción bajó el telón de la película.

-¡No me jodas!- exclamó en voz alta.

La tienda estaba cerrada. 

-¿Qué te pasa?- le interrogó una voz conocida tras él.

Al girarse descubrió a Denisa, su compañera de instituto. Jaren se quedó en blanco. Denisa no era muy propensa a seguir las convicciones sociales, así que actuó con naturalidad frente a lo no reacción de él.

-¿Venías a la tienda a por algo? A mí también me ha pasado. Quería comprar la guitarra de segunda mano que vi el otro día-. 

A Jaren le dio un vuelco el corazón y rememoró la escena en el bar. ¿En serio su compañera quería comprar esa historia? Y lo decía con toda la naturalidad. Probablemente ella no lo supiera. Quizás no tuviera el don… ¿o sí?

-La historia que hay detrás es preciosa- atinó a responder.

-¿Ah sí? ¿Porque tú vienes mucho a la tienda? Yo siempre que paso la veo vacía. Yo no sé quién trabaja pero a esa persona un día la robaran…

-¡Eso pensé yo!- rió Jaren. Al chico le vino el pensamiento de que ninguno de los dos era una persona especialmente sociable. Quizás era una buena oportunidad para entablar amistad.- ¿Te apetece dar una vuelta y te cuento?

-Vale- respondió ella inexpresiva. Eso chocó un poco a Jaren, pero no quiso darle inportancia. 

Empezaron a caminar sin rumbo y Jaren le habló del vendedor y, tras eso, inició una larga conversación sobre las historias tras las cosas, todas, como si hubiesen salido de la boca del hombre del mostrador. 

Denisa le explicó su actividad habitual con el hombre de las botellas de vidrio y Jaren sintió un atisbo de excitación. Quiso preguntarte si él podría acompañarle un día pero le entraron las dudas y retiró ese deseo. 

La chica le propuso de ir a tomar algo y acabaron en una cafetería cuqui llamada Lunas, con decoración así modernilla con plantas y decorados. 

Allí Denisa sacó una libreta y anotó algo. Jaren la miró curioso.

Un hotel mediocre

 Camila disfrutaba con Marco de una velada intensa y merecida después de mucho trabajo. Estando fuera de su residencia habitual, no se reservaban ni un pequeño gemido para sus adentros. Lucas, en el piso de debajo de la pareja, subía el volumen de la tv para disimular los gritos que se escuchaban frente a su hijo Gorka. Núria se sentía agotada del viaje en AVE y pretendía descansar sus ocho horas antes de la reunión, así que golpeaba la pared para advertir a la pareja de que bajasen la voz. Mientras tanto, Marta y Elena exploraban disimuladamente su sexualidad recién reconocida mediante nuevos juguetes comprados. Y en lo más parecido a “suite” que tenía el hotel, un anciano extranjero gastaba su pensión viviendo ahí a modo de alquiler fantaseando todas las posibles personas que pueden haber en el hotel con las diversas casuísticas que las pueden haber llevado a compartir un cachito del edificio junto a él.

Terapia

 Jaren tenía cita con Soraya. Se disponía a contarle todo. “Pensará que estoy pirado…”. Pese a las muchas dudas que le generaba esa decisión, sentía que debía contárselo a alguien. “Bueno, si estoy pirado, Soraya sabrá qué hacer”, se afirmaba. Llegó a la consulta casi sin percatarse. Soraya le saludó con una gran sonrisa. 

-Hombre, Jaren, bienvenido. Hace ya algún tiempo que no nos vemos, ¿te ha ido bien?

-Sí bueno, más o menos…

-¡Bueno ya estás aquí! Pongámonos cómodos y me cuentas-.

Jaren se explayó. Le contó algunas cosas del instituto y finalmente, se atrevió a explicarle algo inaudito. 

-Vas a pensar que estoy loco o directamente no te vas a creer lo que me ha pasado…- inició el chico nervioso.

-Prueba- respondió la terapeuta con serenidad.

-Descubrí una tienda de antigüedades… y resulta que… bueno que… cada vez que toco algo, veo la vida de otras personas. De sus dueños supongo. La vivo en mis propias carnes, pero eso… es algo imposible y…- Jaren tartamudeaba y tardaba en enlazar una frase con la otra. Era como si hubiese echado el freno de mano verbal. Soraya asentía con cara de poker. Jaren se interrumpió a sí mismo.

-Piensas que estoy loco, ¿no?

-Jaren, aquí la única persona que te está juzgando eres tú mismo- atinó a decir ella. Y continuó -Te diría que, ¿cómo te sientes con esto que me cuentas? Tanto en el hecho de explicarlo como en la vivencia en sí.

-Pues… me da miedo que los demás, en este caso tú, me rechacéis por decir cosas raras. Eso con respecto a contarlo. Pero la experiencia en sí es una pasada. Es increíble lo que es poder vivir otras vidas. Es como… -Jaren calló interrumpiéndose de nuevo.

Soraya también se mantuvo en silencio y Jaren se tensó.

-¿Qué te estás diciendo?-

-Que soy un bicho raro. Que esto no es normal. 

-¿Y qué sí es normal? ¿Qué es la normalidad para ti? Incluso si esto no lo fuese, ¿pagarías el precio que representa el ser normal para ti? No quiero que me respondas ahora, este será el ejercicio que te lleves a casa.-

Jaren salió removido y pensativo. Estaba convencido de que Soraya lo mandaría a psiquiatría. Dio un largo paseo pensando en sus supuestos deberes terapéuticos antes de volver a casa, pasando al lado de un hotel de poca monda, comprándose merienda en una panadería y acabando en un parque sentado. 

“Aquí la única persona que te está juzgando eres tú mismo”, recordó.

martes, 30 de abril de 2024

La golondrina del balcón

 Soraya leía por enésima vez sobre cómo ayudar al cuerpo en el “síndrome premenstrual”. Realmente siempre tuvo el debate de si era buena idea ir clasificando todo en síndromes, síntomas y patologías, pero en este caso, Internet la estaba ayudando mucho gracias a llevar el titulito de “síndrome”. “Supongo que los diagnósticos sirven para dar credibilidad a algo que ocurre”, piensa. Está agobiada y distraída, no tiene muy claro qué hacer pese a su gran lista de “to do”. ¿Lavar el coche? Puede esperar. ¿Fregar la cocina? La cocina no va a desaparecer por dejarla sucia. ¿Hacer el recordatorio a los clientes de las sesiones? Eso sí, eso es prioritario. Eso le da de comer. Se recuerda que debería buscar programas y apps que hicieran por ella esa tarea y va a la nevera a por algo para picar. Son las 11:30 de un jueves de semana santa. Tiene toooodo el fin de semana por delante y muy pocos planes. Está aburrida y eso no le gusta. “¿Y qué voy a hacer yo con tanto tiempo libre? El descanso es necesario, evidentemente, pero a veces me saturo de tanto que podría hacer”. 

Absorta en esos pensamientos poco constructivos, escucha un piar de la golondrina.

Frecuentemente hay una golondrina que la visita a su balcón. Canta, bajo su criterio, para ella y ella le devuelve ese gesto tierno con agua y unos trozos de pan. Ella, mientras la golondrina come, le cuenta sus historias y preocupaciones. “Casi parece que me hagas terapia tú a mí, ¿eh, bichejo?”. 

Esa pequeñez tan mágica y extraordinaria, le devuelve a Soraya las ganas de comerse el mundo y sentirse especial. 


Reflejando el vacío

 Pero eso no es lo que vio Jaren. Jaren no vio nada. Absolutamente nada de nada. Estando en la ducha, Jaren vio la oscuridad. Se refugió en sus manos. Podía ver su cuerpo. Pero era lo único que podía ver. Sentía pánico. Se tocaba y se refugiaba en sí mismo. La sensación era la de sentir un inmenso vacío. Poco a poco se fue esfumando el miedo y ese vacío que veía fuera fue calando en su interior. Notaba como desde sus pies y manos esa oscuridad y vacío iban hacia dentro de sí, como si la sangre que circulase en sus venas fuese transportando esa sensación y expandiéndola por los órganos, sentidos y huesos. Llegó un punto en el que no sentía nada. Sus ojos también fueron perdiendo la imagen y Jaren se quedó en completa oscuridad. Sus emociones se ausentaron, no era capaz de encontrarse a sí mismo por mucho que tratase de palparse. Todo había desaparecido. Y en esa sensación de nada desoladora, encontró el faro de luz. La voz de Soraya resonó en su cabeza como en enorme eco. “El camino y las respuestas están en ti, el viaje es hacia adentro”. Jaren respiró profundamente y se repitió esas palabras como un mantra al que agarrarse “las respuestas están dentro de mí, el viaje es hacia adentro”. Trató con tremenda dificultad recordad el espejo, pero no el pequeño y roto, el de su cuarto de baño. El que le devuelve la imagen de sí mismo todos los días. Pensó en él, en sus ojos verde grisáceos. Pensó en su pelo lacio y cargado, y las manchas de su cara. En los lunares y granitos que reconocía. En su pendiente. Recordó las broncas que originadas por hacérselo y sintió la fuerza de la ira en su interior. Se agarró a esa emoción y trató de darle intensidad. Se imaginó que cogía la forma de una bola que crecía y crecía en su estómago. Y sintió las manos. Las apretaba y soltaba y recuperó así la sensación de movimiento. Trató de imitar el mismo gesto en sus pies. Movió los dedos y se sintió los pies. Movió los tobillos. Después fue haciendo ejercicios de contracción y relajación en las piernas y fue subiéndolo por todo su cuerpo. Cuando abrió los ojos, su mundo había regresado. Casi pudo escapársele una lágrima de alivio. Había huido mucho del recuerdo de las broncas por el pendiente, y ahora, esa emoción que le había repulsado, le había dado un empujón al sentir. Salió de la ducha y se miró en el espejo. Sonreía orgulloso de sus manchas, lunares y ese pelo indomable con vida propia. 

lunes, 29 de abril de 2024

La cita

 Irina estaba nerviosa. Pero no era del tipo de cuando estás a punto de hacer un examen y sientes el miedo calando en todo tu cuerpo, de ese no. Irina estaba nerviosa de excitación, y eso su cama, presa de todas las prendas de ropa que la invadían tras haber sido probadas por la chica para ver cual era la elegida, podía corroborarlo. También podía corroborarlo el espejo del baño que durante dos horas había vislumbrado el reflejo del esfuerzo en hacer algo digno con su pelo. La elección habían sido unos tirabuzones interminables en esa cabellera castaña con mechas rubias. Sus labios brillaban con el intenso pintalabios. Sus mejillas lucían rojizas y sus ojos también habían sido un lienzo trabajado. Una vez lista, cogió su espejo de bolso, lo metió en éste y salió. No paraba de mirar con insistencia su reloj de muñeca en la puerta de casa. Sentía una adictiva sensación de vértigo. La emoción de alegría la desbordaba. Derrochaba euforia por cada poro de su piel. A lo lejos vio el coche de él. En su cabeza había soñado con miles de primeras citas con él, y por fin, ya no era solo un sueño.Por fin la cita más básica, estándar y deseada estaba ocurriendo. Un poco simple cena que para ella lo significaba todo. 

Espejito espejito

 Jaren trató de meditar sentado en el suelo con las piernas cruzadas, los ojos cerrados y el espejito en las manos. Nada sucedía. Jaren abrió el espejito y se miró lo más concentrado que pudo en él. Nada sucedía. Buscó en internet información sobre “cómo vivir vidas pasadas a través de un espejo”, pero la mayoría de webs que le aparecieron era de rituales siniestros para hacer aparecer espíritus y con un escalofrío lo dejó estar. Al final, víctima de la frustración, lanzó el espejo contra su cama y éste rebotó contra la pared acabándose así abriendo una grietas. “¡Joder, no!” gritó Jaren. La culpa la invadía todo su ser. Se sentía la peor persona del mundo. ¿Y si había roto los recuerdos de alguien? Los ojos de Jaren se tornaron vidriosos. Sentía rabia, culpa, ansiedad. Se sentía inquieto, no podía parar de dar vueltas sin sentido y acariciarse una mano con la otra. En el estómago, sentía que un nudo le acabaría por provocar una indigestión. Se llevaba las manos a la cabeza intentando pensar y volvía de nuevo a juguetear con ellas. “Joder, joder”. Finalmente se dijo: “Jaren, quieto. ¿Qué te diría tu terapeuta?”. Trató de ponerse en la piel de Soraya. Soraya diría algo así como… “en lugar de victimizarte y fustigarte, trata de buscar soluciones”, “vale, soluciones, soluciones… ¿y cómo arreglo yo un espejo roto? Vamos a ver. Y si no tuviese arreglo, ¿qué diría Soraya? Soraya diría que… ‘hazte responsable de las consecuencias y asume aquello que ocurre desde la dignidad’. Vale pues solo me queda hablar con el señor y explicarle lo sucedido. Quizás él sepa qué hacer… pero me da un miedo terrible que se enfade… ¿si le cuento todo esto a Soraya, me creerá?”

Finalmente, con esa decisión, Jaren pretendía seguir con normalidad el resto de su día pese a que encontrase una dificultad enorme para ello.

Y al acabar el día, Jaren procedió a ducharse.

domingo, 28 de abril de 2024

La realidad del imaginario

-Vaya, veo que has vuelto- dijo el hombre desde el mostrador. 

Jaren estaba como adormecido, sintiendo dificultades para volver del todo a la realidad. Deseaba saber cómo continuaba la historia, quiénes eran esas personas, cómo terminaba el final, si era un final feliz o uno de triste. Jaren no quería volver a su presente, ansiaba saber más. Pero no había más imágenes para él y poco a poco la realidad fue aterrizando imparable.

El hombre del mostrador restaba en silencio. Jaren finalmente lo miró y las pupilas de ambos se encontraron. 

-No entiendo cómo funciona esto- alcanzó a decir Jaren.

-No hay nada que entender, chico- respondió impasible el hombre. 

-¿Es real todo esto? ¿Por qué yo?- Jaren respiró apresurado y confuso. Incluso removido. 

-Es real aquello que tú creas y quieras que lo sea. ¿Es real aquello que desayunas por la mañana? ¿Es real el miedo que sientes frente a un examen? ¿Es real aquel recuerdo de ti mismo columpiándote de pequeño en un parque? ¿Cómo sabes discernir lo que es real y lo que tu imaginación inventa?-

Jaren no supo qué responder. Estaba incómodo y deseaba salir de la tienda. Sus pies se dirigieron a hacia la puerta y de reojo vio cómo el vendedor se giraba. Es entonces cuando, sin que el señor lo percibiese, que Jaren cogió un espejito pequeño y se lo llevó en el bolsillo para analizarlo en casa. Una parte de él le sorprendió y decepcionó lo que acababa de hacer. Siempre había juzgado mucho el “robar”, pero el hombre le daba mala espina y no quería hacerle saber que él ahora era dueño de ese objeto. Prefirió hacerlo desde otro lugar, desde el desconocimiento y las sombras. Además, le sorprendía que estuviesen esos tesoros en venta. O quizás sería que no lo estaban… en cualquier caso, cuando Jaren llegase a casa, investigaría el espejito intentando descubrir cómo podía nacer la magia. 

lunes, 22 de abril de 2024

Cuenta-cuentos

Al despertar, Jaren sintió una punzada de nostalgia. Comprendió que deseaba volver a la tienda, conocer más y seguir visualizando las historias que los objetos tenían para explicarle. También hipotetizó que, por más que intentase ignorar la experiencia vivida, era algo que le había marcado y difícilmente podría huir. En parte feliz y por otra parte con cierta inseguridad, decidió vestirse y volver a visitar la tienda. 
De camino, estaba nervioso. Se notaba la inquietud en las manos. Pero si se paraba a escucharse, podía percibir que era una sensación agradable. Era excitación, y no miedo. 
Antes de llegar Jaren hizo una respiración profunda. Algo le decía que si entraba de nuevo, no habría vuelta atrás de esa aventura que iba a vivir. Se encontró a sí mismo sonriendo tras ese pensamiento. 
Entró y de nuevo el mostrador estaba vacío. Jaren se preguntó si el vendedor no sería demasiado confiado dejando la tienda al libre albedrío del cliente, sin vigilancia ni cuidado. 
Quizás todos esos objetos, que en su día habían sido las pertenencias de alguien, habían sido tesoros para esas personas. El vendedor debería protegerlas, proteger esas historias que, según le dijo, él también podía ver.
Jaren se aproximó a un objeto: era una guitarra eléctrica. Se veía oxidada pero era preciosa, y se notaba que, de alguna manera, la guitarra desprendía arte, amor y cariño, como si su anterior dueño la hubiese mimado tanto que la guitarra quisiera devolverle todo ese amor al mundo a través de su música. Y tal y como esperaba, Jaren la tocó y  la guitarra inició una melodía a su alrededor que parecía que fuese tan real como la chaqueta tejana que el chico llevaba puesta. Tras la melodía el chico empezó a oler a Whiskey, cerveza y tabaco. Después escuchó risas, barullo y otra infinidad de voces que no podía interpretar y frente a sus ojos apareció un escenario, la guitarra entre sus manos y un micrófono delante de él. A su alrededor estaba rodeado de una gran multitud de gente que lo contemplaba mientras tomaba algo desde sus asientos o de pie en ese bareto con el aire cargado de humo de tabaco y puros. Él, por instinto cogió el micrófono y empezó a cantar. 

domingo, 21 de abril de 2024

El orden de los cuentos:

 El anticuario - la caja de musica - el antigüero - domingo/el viejo del vidrio - el sueño de Jaren - la chica channel - tienda - guitarra - jaren -

El sueño de Jaren

 Pese a que Jaren procuró seguir su rutina con naturalidad,  tratando de anestesiarse con las redes sociales y plataformas de series, sentía un run-run dentro difícil de callar. No le comentó a nadie lo que había vivido y lo acató a la necesidad de vivir algo especial, como pasa en las películas de adolescentes que al cumplir cierta edad desarrollan un poder sobrenatural. Por la noche, al acostarse, realizó sus hábitos cotidianos y decidió descansar sin darle más vueltas al asunto. 

Fue entonces cuando Jaren soñó con la tienda. Los mundos oníricos le llevaron al impulso de entrar, de recordar los objetos que había visto y desear tocarlos todos. Sus dedos, de forma casi instintiva, fueron a contactar con un alfiletero.

jueves, 18 de abril de 2024

El antigüero

 La voz provenía del mostrador.

-Veo que tú también tienes el don-.

Jaren observó al señor sintiéndose las palpitaciones con mucha potencia en el cuello. Se sentía la boca seca y el cuerpo extraño. 

-El don de ver las historias que contienen los objetos. Es agradable saber que alguien más puede hacer lo mismo. Así puedo compartir esta experiencia con alguien sin parecer un chiflado.

“Todo esto no puede ser cierto”, pensó. “Esto es surrealista”. 

-No sé de qué habla señor. Yo no he sentido nada -respondió un Jaren tembloroso y asustado-  A usted le falta un tornillo-se apresuró a terminar.

Sin pensárselo demasiado el chico salió de la tienda y se miró las manos. Eran las suyas. Esas manos poco cuidadas, con pequeñas heridas de no vigilar lo que se toca y con las uñas mordidas dándoles formas no homogéneas.

“No ha sido real… ¿no?” 

El chico miró hacia el interior de la tienda. El señor seguía sonriendo y con la mirada fija en el joven. Jaren negó con la cabeza y marchó al súper a paso ligero.

De camino se encontró a Denisa, una compañera del instituto a la que saludó con desdén y rapidez para deshacerse de ese contacto social indeseado.

Cuentos de Jaren: la caja de música

 Era una niña de aproximadamente unos diez años. Sentía presión en el pecho y nervios en el estómago. Parecía como si fuese a hacer algo importante. Como si alguien esperase algo de ella. Jaren lo podía sentir. Delante suyo un señor le tendía la mano. Jaren, en el cuerpo de la niña, la agarró y por instinto empezó a moverse. Comenzó a bailar con el señor, iban al mismo compás y Jaren sintió como la presión se rebajaba. No entendía lo que sucedía pero podía percibir lo importante que era eso para la niña. Al terminar el baile, el hombre se agachó a la niña para decirle algo. “Feliz cumpleaños, Amanda. Espero que te guste mi regalo. Espero que tu tío no se haya equivocado al elegirlo. Sé que lo que más amas en el mundo es la música.” 

El señor calló un momento pensativo y prosiguió.

“Que no te engañen Amanda, por muchos corsés que debas ponerte, tú sabes quién eres. Eres Amanda, tocas el piano y el violín con una pasión desbordada, y nada es más importante que hacer aquello que te hace sentirte viva”. 

Jaren sintió un escalofrío y como por arte de magia, la imagen, tal y como había venido, se esfumó.

“Bienvenido”, escuchó que venía de lejos. 

La tienda de antigüedades

Jaren seguía su rutina habitual. Iba al súper de referencia, era el mismo al que solían ir sus padres, así que siguió con la tradición familiar porque se conocía los productos y su ubicación. Iba distraído con la música y el móvil cuando un gato lo devolvió a la realidad al cruzársele con energía. Al levantar la vista, vio una tienda de antigüedades que no reconocía. Decidió entrar. 

No parecía haber nadie. La tienda estaba llena de estanterías con objetos que podían explicar historias de otras épocas. Él los miró fascinado. Al fondo de la tienda, había un mostrador con un timbre oxidado al estilo de los hoteles de antes. “¿No hay nadie?” Se preguntó.

Fue a tocar un objeto; una caja de música. Los colores, que debían ser cálidos, se perdieron en marrones apagados. Al abrirla, empezó a sonar una melodía, y vislumbró, como si lo viera por los sentidos, cómo se le aparecía un salón de baile. Él se sintió un olor a perfume. Por instinto, se miró el cuerpo y se visualizó en un vestido rosado, con guantes y zapatos, todo como si fuese perteneciente a otro siglo.

miércoles, 17 de abril de 2024

Niña interior

Alguien fue capaz de encontrar el camino.

Se dio cuenta de que en su pecho había una cicatriz y entendió lo que estaba sucediendo. 

Ella había encerrado en su pecho su esencia, su niña interior. El mundo de los adultos es un lugar peligroso, así que la cogió, creó unas escaleras en forma de caracol para llegar a su corazón y le dio una habitación dulce que asemejase un lugar seguro. La habitación contenía una lámpara que proyecta estrellas en el techo, la manta que le había servido como refugio durante las largas noches de invierno y sus muñecos y muñecas. Después subió las escaleras, cerró la puertecita de su pecho, y se cosió la piel para que nadie pudiese encontrar a esa niña jamás. 

Pero ese “alguien” había descubierto su secreto y estaba trazando un plan para poder entrar. 

La princesa Iracunda

 Nadie recuerda el verdadero nombre de la princesa, todos la llaman "Iracunda" y ella se gira cuando la nombran así, lo ha aceptado como pseudónimo. Iracunda suele levantarse malhumorada, siempre grita en lugar de hablar, se queja por todo y sus comentarios son hirientes. Sus súbditos no la soportan, su familia no vive con ella, Iracunda vive aislada en su burbuja de rabia. En ocasiones parece que despierta algo más amable y en lugar de chillar, simplemente refunfuña, pero no se la ve sonreír. Así es Iracunda, una princesa insufrible, de dulce no tiene nada, mucho menos es humilde y de risueña tiene cuánto menos.