-Vaya, veo que has vuelto- dijo el hombre desde el mostrador.
Jaren estaba como adormecido, sintiendo dificultades para volver del todo a la realidad. Deseaba saber cómo continuaba la historia, quiénes eran esas personas, cómo terminaba el final, si era un final feliz o uno de triste. Jaren no quería volver a su presente, ansiaba saber más. Pero no había más imágenes para él y poco a poco la realidad fue aterrizando imparable.
El hombre del mostrador restaba en silencio. Jaren finalmente lo miró y las pupilas de ambos se encontraron.
-No entiendo cómo funciona esto- alcanzó a decir Jaren.
-No hay nada que entender, chico- respondió impasible el hombre.
-¿Es real todo esto? ¿Por qué yo?- Jaren respiró apresurado y confuso. Incluso removido.
-Es real aquello que tú creas y quieras que lo sea. ¿Es real aquello que desayunas por la mañana? ¿Es real el miedo que sientes frente a un examen? ¿Es real aquel recuerdo de ti mismo columpiándote de pequeño en un parque? ¿Cómo sabes discernir lo que es real y lo que tu imaginación inventa?-
Jaren no supo qué responder. Estaba incómodo y deseaba salir de la tienda. Sus pies se dirigieron a hacia la puerta y de reojo vio cómo el vendedor se giraba. Es entonces cuando, sin que el señor lo percibiese, que Jaren cogió un espejito pequeño y se lo llevó en el bolsillo para analizarlo en casa. Una parte de él le sorprendió y decepcionó lo que acababa de hacer. Siempre había juzgado mucho el “robar”, pero el hombre le daba mala espina y no quería hacerle saber que él ahora era dueño de ese objeto. Prefirió hacerlo desde otro lugar, desde el desconocimiento y las sombras. Además, le sorprendía que estuviesen esos tesoros en venta. O quizás sería que no lo estaban… en cualquier caso, cuando Jaren llegase a casa, investigaría el espejito intentando descubrir cómo podía nacer la magia.
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