Muchas veces somos nosotros mismos los que nos cavamos los agujeros en los
que caemos. Muchas veces somos nosotros los que construimos nuestros pozos,
nuestras jaulas y desde luego los muros que impiden a otros entrar y nosotros
no queremos salir.
A día de hoy pondría la mano en el fuego para descubrir que son incontables
las personas que atravesarían medio mundo para sacarnos una sonrisa, son muchas
las personas humildes y sencillas que a veces no tenemos en cuenta o puede que
sí, que se acercan a nosotros en son de paz y con lo que topan es una armadura
hecha de plata. Parece bonita pero por dentro arde.
Siempre que os sintáis fuera de lugar, que sintáis que no sois especiales
para nadie, parad un solo momento a pensar en esas personas que han salido de
sus casas cuando las habéis llamado, esas personas que han dejado lo que
estaban haciendo para socorreros mediante una llamada o cincuenta mensajes, esa
mano amiga que aún muchas veces sin merecerlo, ha seguido ahí.
Todos tenemos a alguien o “alguienes” especiales con los que sabemos que
podemos contar incondicionalmente, y si no son un ejército, mejor J
Desde aquí quiero deciros además, que siempre tendré un huequecito para
vosotras, aunque sea para deciros tres comentarios que en caliente pues quizás
se escuchan a medias, pero en frío puede que sienten mejor.
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