Durante el vuelo se le entumecen las piernas. En la pantalla aparece que han hecho ya ocho horas de viaje y aún les quedan cuatro más. Constantemente se mueve en el asiento buscando la postura más cómoda. "Voy al baño, no puedo estar más tiempo sentado", piensa.
-Déjame pasar, que voy al baño- le indica a su hermano.
-¿Cómo otra vez? Para ya de ir. Eres un pesado. Déjame dormir- a pesar de refunfuñar, el hermano se recoloca para abrirle paso.
Cuando por fin aterriza el avión, la gente aplaude pero Carlos no. Carlos sólo siente náuseas, los músculos tensos y mucha rabia en el pecho. "Los odio a todos", piensa.
Junto a su familia, el resto de pasajeros se dirigen al punto de recogida de maletas. Tienen cara de zombies, con ojeras y alguna que otra persona empapada en sudor y oliendo a cerdo.
Carlos agarra la suya con fuerza y se la acerca al cuerpo con ganas de protegerla. Ahí lleva lo que le queda de vida.
Por primera vez, varios recuerdos vienen a la mente de Jaren eclipsando este. Como si se tratase de una película, varias escenas circulan por su mente y sus ojos. Ve las discusiones que Carlos tendrá con sus padres. Ve los suspensos en el instituto. Ve la pandilla de maleantes con los que se juntará y que por suerte acabará abandonando. Ve cómo un día se encontrará llorando en la ducha desesperado. Ve cómo su hermano se gradúa y él, Carlos, se siente orgulloso ese día, y ve cómo se arma de valor para seguir sus pasos. Ve cómo se apuntará por propia voluntad a la escuela de adultos para sacarse el graduado. Y finalmente, ve cómo se va generando un nuevo recuerdo presente. Se percibe a sí mismo en un cuerpo grande, musculado, de un hombre adulto. Se lleva las manos a la barba. Es sorprendentemente frondosa. Está preparando de nuevo la maleta. Delante de él hay una habitación de matrimonio preciosa, con un gran armario, una cómoda color madera y dos mesitas que van a juego. Está preparando la maleta sobre una colcha de color crema con flores bordadas. Se siente nervioso aunque aún no sabe por qué. Tiene la ropa preparada justo al lado, lista para ser colocada dentro. Coge la camiseta del barça, firmada por los jugadores y le viene el flash de cuando sus amigos se la regalaron el año anterior en el bar de siempre en Sants. Parecen buenas personas y Jaren se siente aliviado. "Encontró su lugar". Jaren es sorprendido porque de golpe arranca a hablar.
-Honey, have you seen my passport?- (Cariño, ¿has visto mi pasaporte?) Esto sorprende a Jaren. Él no es muy bueno en inglés y le impacta verse a sí mismo hablar con tanta fluidez y sin trabarse.
Una voz femenina le responde.
-Yes, it's in its place- (Sí, está en su sitio).
De pronto aparece una chica rubia, alta con ojos claros por la puerta. "¡Qué guapa es!¿Será modelo?", piensa Jaren.
-Are you ok, darling?- (¿Estás bien, cariño?) dice ella.
-Yeah, it's just that... I want your parents to like me- (Sí, solo es que quiero caerle bien a tus padres).
-Oh, darling. You don't have to worry about it. You will- (Cariño, no tienes de qué preocuparte, lo harás).
La chica se acerca a él. Lleva algo en la mano pero Jaren no acaba de ver qué es. Ella le envuelve por la nuca con sus manos y le da un cálido beso en los labios. Cuando ella se aparta, le deja encima de la cama lo que llevaba en las manos: es el pasaporte junto al billete de avión. En él puede leerse "Barcelona-Amsterdam". Carlos sonríe. Jaren también.
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