domingo, 5 de octubre de 2025

El cuaderno de Denisa: Halloween

Es jueves y Denisa regresa a casa de la extraescolar de inglés. Tras cenar, se relaja en su habitación escribiendo en su cuaderno. 

Jack lo esperaba con la chimenea encendida. Ya era un señor mayor que se había portado mal con muchas, muchas personas. Había traicionado, mentido y estafado. No creía tener amigos… salvo ese que estaba esperando, si es que lo podía considerar amigo. La mayoría de gente lo temía. Jack, en cambio, sabía que su destino estaba con él, y se resignaba a ello gratamente. Sin embargo todavía no estaba preparado para ello, y eso él, el Diablo, lo sabía también. 

Jack estaba sentado frente a la mesa con el tablero de ajedrez preparado mientras bebía vino caliente para pasar el rato. 

En la aleatoriedad del minutero, la puerta de entrada se abrió de par en par haciendo bajar la temperatura unos segundos por el frío exterior. Jack cerró los ojos a penas un momento a raíz de un destello de luz que lo deslumbró. Al abrirlos, su compañero estaba frente a él. Era una figura encapuchada. Cualquiera lo hubiera podido confundir con un hombre cualquiera, pero la sombra que proyectaba el fuego de la chimenea, mostraba claramente una figura con unas costillas deformadas y dos cuernos largos en el cráneo. 

Sin mediar palabra, comenzó la partida. Turno a turno fueron moviendo sus piezas. Claramente el Diablo ganó ventaja sobre la partida y Jack no estaba dispuesto a permitir el desenlace que aún no deseaba, así que ejecutó lo que había estado haciendo toda la vida: usó trampas para ganar.

El Diablo acababa de perder, pero no sin hacer unos repiqueteos con los dedos indicando algo. El silencio reinaba y ninguno de los dos tuvo la desfachatez de romperlo. La puerta se abrió de nuevo. Y, de nuevo, con los ojos cerrados por otro destello, Jack atinó a pronunciar: 

-¿No me vas a llevar?-

El Diablo rió.

-Por supuesto que lo haré. La guerra la tienes perdida, muchacho-. 

Junto al ruido de las bisagras al cerrar, el fuego se apagó de golpe. Jack miró el tablero. 

El Diablo antes de marcharse lo había recompuesto tal y como hubiese quedado sin las trampas de Jack. Esta vez el anciano rió, sabiendo que su viejo amigo le había regalado una partida más.

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