lunes, 17 de marzo de 2025

La caja de la fe

 Jaren se ve a sí mismo desde fuera encerrado en el lavabo, llorando a mares. Esta desmontando un sacapuntas. Acaba teniendo un tornillo, una cuchilla, y la carcasa. Las manos le tiemblan. En acto instintivo el Jaren observador se avalanza sobre él y le da un manotazo en la mano que contiene la cuchilla. El Jaren que recibe el impacto se queda sorprendido, asustado y perdido. El Jaren observador lo abraza, lo abraza con tanta fuerza que el otro Jaren se ve asfixiado entre los brazos de sí mismo. 

-Lo siento- dice el Jaren observador. El otro chico no parece verlo, ni oírlo pero siente lo que está sucediendo y se deja caer en los brazos que lo sostienen.

El Jaren observador continúa hablando.

-Lo siento muchísimo… Por favor, no te hagas esto. Eres importante. Quiero cuidar de ti. Mereces cariño y sobre todo mereces ese amor de mí. Siento haberte abandonado y haberte dicho cosas hirientes tantas veces. Perdóname. Yo también te perdono a ti. Estoy aprendiendo a quererte… a quererme… a querernos. A veces soy duro contigo cuando lo único que necesitas es paciencia y compasión. Estoy contigo. Te prometo que no te dejaré sentirte así de solo más. Yo cuidaré de ti. Nos cuidaremos mutuamente. Juntos seguiremos adelante, Jaren. Confía en ti… confío en mí. 

El escenario en el que se encontraba el Jaren observador se empezó a resquebrajar como si fuera un cristal enorme. Todo a su alrededor se convirtió en pequeños cristalitos. Inconscientemente Jaren se apartó del chico al que había estado abrazando. Él también se resquebrajó, y lo último que observó, fue un Jaren sonriendo con una expresión que nunca había visto. Era una paz absoluta. Un gesto de fe. 

Jaren volvió a la tienda sosteniendo la caja plateada en la mano. Se encontraba llorando y sonriendo a la vez. 


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