viernes, 2 de enero de 2026

El gato

 Jaren estaba cansado tras salir de trabajar. Dirigiéndose hacia su casa, se sintió perseguido, así que se giró… y no vio a nadie. Avanzó con un paso más ligero. Se le erizaron los pelos de la nuca. Se dio la vuelta; nada, no había nadie siguiéndole. Apretó el paso un poco más. De repente paró en seco y volvió la mirada atrás de nuevo. Al hacerlo se encontró con un gato negro de ojos amarillos que lo observaba con cierta sorpresa, lo había pillado con las patitas aún andando. Le resultaba extraño, ya que su abuela había tenido gato durante la infancia de él y los gatos eran hábiles, le hubiera costado poco esconderse o hacer algún gesto. Jaren se acercó a él y el gato se erizó desde la cabeza hasta la cola gruñendo. El chico se echó atrás y reanudó la marcha. Al rato volvió a girarse y al mirar atrás, el gato volvió a tener la misma reacción.

“¿Estoy yo flipando o este gato es rarísimo?” 

Jaren intentó acercarse por si el animal actuaba distinto, pero el resultado fue el mismo. El chico se sorprendió a sí mismo enfadándose y bufándole de vuelta a modo de respuesta. El gato empezó a maullar haciendo sonidos como si hablase con él, como si se quejase. Jaren lo miró perplejo. El gato se sentó sobre sus patitas traseras dejando las delanteras como apoyo. Mantuvieron ambos esas posiciones durante unos segundos. Después, el gato se echó a correr delante de Jaren y él lo persiguió. El animal parecía hábil pese a que no estaba especialmente atlético, más bien le colgaba algo de grasa por la zona del bajo vientre. El gato frenó en seco y Jaren estuvo a punto de pisarle. Frente a este acto, el ser peludo le arreó un arañazo en el tobillo. Los tejanos de Jaren amortiguaron bastante el ataque, pero algo traspasó y el chico emitió un pequeño grito ahogado. El gato salió corriendo y esta vez Jaren no lo persiguió. 

“Joder, qué cosas más raras me pasan”. Pensó el chico dirigiéndose a su casa. 

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