Hacía tiempo que Jaren no iba a un cumpleaños, así que le sorprendió gratamente cuando Tania le envió un mensaje al móvil.
-¡Hellooooo! Soy Tania, la amiga de Deni. Me está gustando esto de debatir contigo en el patio, me caes bien. Si te apetece, el viernes por la tarde doy una fiesta informal en mi casa por la tarde-noche para celebrar mi cumple, pásate. ¡No hace falta que traigas regalo!-.
Jaren estaba ilusionado y un pelín nervioso. Se preguntaba quién iría del insti. Tania era simpática con todo el mundo, pero no parecía tener muchos amigos.
El chico le respondió que primero tenía que trabajar, pero que al salir se pasaría.
La tarde de Jaren fue tranquila.
Cuando llegó a la fiesta, Tania le abrió muy efusivamente dándole un abrazo. Una chica estaba en sujetador y eso impactó a Jaren. Al fondo del salón, convertido en una sala de fiesta, estaban bien ordenadas botellas de alcohol y algunos refrescos para combinar. Jaren a penas había bebido nunca, así que dudó sobre si consumir y qué elegir. Se plantó frente a las botellas y las observó. En ese momento un chico cogió una de color marrón, se echó una generosa cantidad en un vaso de plástico reciclable y le añadió otra importante cantidad de Coca-cola. Cuando el chico terminó, miró a Jaren y le dijo “si no sabes qué beber, elige ron-cola, la bebida de los piratas, es la mejor opción”, y tan fresco se reincorporó en la pista de baile. Jaren imitó al chico; cogió un vaso y probó esa combinación. Al llevárselo a la boca y beberlo, no pudo evitar poner cara de asco, así que se giró sobre sí mismo asegurándose que nadie lo había visto. Observando su alrededor se dio cuenta de que no conocía a prácticamente nadie salvo un par o tres compañeros del instituto. En ese momento, sintió una mano que lo cogía del brazo y lo arrastraba junto a los demás. Era Denisa. A Jaren le pareció que la chica estaba especialmente guapa, se había echado purpurina en la cara y llevaba un top de colores claros, acompañados por dos simpáticos moñitos. Denisa empezó a bailar de forma caótica con la música. No seguía un patrón de movimientos, parecía que fluía tal y cómo lo venía.
-No sé bailar- le expuso Jaren a gritos para que ella pudiese escucharlo por encima de los decibelios.
-¡Yo tampoco!- rió ella y le cogió de los brazos para movérselos levemente, invitándole a acompañarla.
Ante este gesto Jaren respondió obedeciendo y siguiendo la música a su manera.
Sin darse cuenta el chico terminó por cerrar los ojos y bailar descontroladamente dejando que la música, fusionada con el alcohol, lo atravesasen. Al abrir los ojos un momento, vio que Denisa también se perdía en su propia danza con ojos cerrados. Tenía el cuerpo sudoroso y eso le daba un brillo especial a su piel, sin buscarlo demasiado, su mirada acabó centrándose en el pecho de ella. Jaren se sintió excitado. Al darse cuenta de cómo estaba mirando a su amiga se ruborizó avergonzado y se dirigió al baño. Allí lo que vio fue una chica vomitando mientras otra le recogía el pelo.